Restaurante El Padrino 40 aniversario Eva Rancho La Provincia 28 Abril 2014.pdf
Dicen que el negocio de la hostelería es muy sacrificado, pero con tesón y buen hacer sale adelante. Uno de los templos capitalinos del pescado fresco, El Padrino, conmemora su 40 aniversario a finales de mayo, en la víspera del Día de Canarias. Su abae y fula al horno, la variedad de sama y mariscos, emplatados con verdura y fruta de autocultivo de su finca de Valsequillo, hacen las delicias de sus fieles clientes. Uno de sus copropietarios, Humberto Rodríguez, abre las puertas de su rincón gastronómico para recordar el pasado y la continuidad con su hijo y los de su socio, Francisco ‘Paco’ Miguel Ortega.
El Padrino sopla sus 40 velas
Este ‘templo’ del pescado fresco en Las Coloradas conmemora su aniversario el próximo
junio / Su carta de frutas y verduras de autocultivo, otro baluarte del restaurante capitalino
Eva Rancho
LA PROVINCIA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 28 Abril 2014
Ya han llovido años. Ubicado en Las Coloradas, el próximo junio el veterano restaurante El Padrino, con una amplia carta de pescados frescos y verduras cultivadas en una finca de Valsequillo, cumplirá 40 primaveras de trayectoria gastronómica y lo conmemorará de forma especial la víspera del Día de Canarias. El equipo que conforma esta familia culinaria se engalanará con los trajes típicos isleños, amenizará la festividad con música tradicional y guardará entre fogones alguna que otra sorpresa que los dos dueños aún no quieren desvelar. Humberto Rodríguez y Francisco Miguel Ortega, Paco, siguen al frente con la misma ilusión que en 1974, cuando tomaron el testigo de Brunito, el propietario inicial cuando el negocio era un bar de apenas 60 metros cuadrados, que con el paso del tiempo crecieron hasta los 600 actuales.
El local celebra con una fiesta canaria el próximo 29 de mayo sus cuatro décadas
“Al principio alquilamos el bar a ‘Brunito’, un señor que era portuario. Había y hay el campo de fútbol de La Isleta, entonces casi todos los campeonatos se jugaban aquí. Entonces como Brunito era el más próximo servía cañas, pejines (pescaditos salados y secos), chocos, que hacía ameno el descanso de los partidos y entonces cogimos el negocio después de la fiesta de Fátima”, recuerda Rodríguez, que así como Paco conmemorará por todo lo alto ese momento junto a las 12 personas que conforman su equipo el jueves 29 de mayo. “La víspera del Día de Canarias, matamos dos pájaros de un tiro, haremos una especie de fiesta canaria, nos vestiremos de canarios, serviremos comida típica, haremos un zurrón de gofio, una seña de identidad, traeremos una orquestita en el comedor para celebrar también el 40 aniversario con nuestros clientes y amigos”, adelanta Rodríguez, oriundo de la Atalaya de Guía y vinculado a la hostelería desde adolescente.
Pero el negocio ya tiene relevo generacional. Humberto Junior (y su hermana Arminda que trabajó durante varios años), y Yeray y Almudena, hijos de su socio Paco, ya forman parte del personal de sala. “Con la crisis, cuesta mucho levantarlo, pero como ellos han tenido una trayectoria, y la clientela no falla, queremos seguir sus pasos”, apunta Almudena. “Introduciremos poco a poco cosas nuevas en la cocina tradicional, pero manteniendo la esencia: materia prima, pescado fresco y la atención personalizada”, señala Humberto Junior.
La solera de este templo del pescado fresco y comida canaria tradicional se ha labrado con las letras de mucho tesón. Humberto padre recuerda que tanta era la demanda hace años que tuvieron que abrir además otro espacio, el grill de carne Pitango, en el número 2 de la Calle María Dolorosa (ahora una casa verde, muy cerquita de El Padrino), pero decidieron integrarlo en el propio restaurante hace 12 años cuando construyeron una sala homónima. Al mando de los fogones está Humberto y el chef Narciso Molina, apoyados por un equipo de tres personas. Su especialidad es el pescado fresco isleño acompañado de verduras y frutas cosechadas en una finca de Valsequillo. “Son espectaculares porque cultivamos el 90% de los productos: limón, tomate, aguacate, ciruela, guayaba…”, afirma Rodríguez. El chef Narciso Molina subraya que trabajar con materia prima de calidad facilita su labor. “Te vienen las lechugas y los tomates frescos, cortados del día, y creo que el cliente lo nota”, apunta.
El negocio tiene ya relevo generacional con los hijos de sus dos copropietarios
El abae y la fula al horno con un lecho de papas panaderas y aceite de oliva triunfa
Venidos de Agaete, San Cristóbal, Taliarte, Arguineguín y Mogán, y conservados a cuatro grados bajo un manto de hielo, su carta de más de 10 especies de pescados hace la boca agua de más de un comensal nacional e internacional. El abae (abadejo) o la fula al horno figuran entre los más demandados. “El pescado debe ser fresquísimo, vivo, y lo hacemos entero lo más natural posible, al horno, le ponemos un lecho de papas panaderas, con aceite de oliva, sal y un poquito de caldo de pescado (fumet). Se queda buenísimo”, explica Rodríguez. Cocinan la sama y sus variedades como el bocinegro “a la espalda”, abierto por el lomo, y hecho a la plancha, y coronado con un majaíto de ajo, aceite y vino blanco. Otro de los manjares del establecimiento es su variedad de mariscos, algunos vivos a la vista del cliente en el acuario de la sala Pitango: ostras, bogavantes, bueyes, centollos, langostas.
La planta que El Padrino regala a cada mujer y la decena de clases que adornan las instalaciones también proceden de Valsequillo. “Tenemos plantas con las que renovamos continuamente la decoración. En mayo y junio llenamos toda la avenida con flor de mundo”, cuenta el administrador Bartolo Guerra.
‘Brunito’, padrino de Las Coloradas
El nombre del restaurante El Padrino también tiene su historia. Humberto Rodríguez, uno de los copropietarios, cuenta que hace 40 años un trabajador portuario llamado Brunito era el primer dueño del establecimiento, y se sentía orgulloso de ser como una especie de “padrino” para los chavales del barrio. Desde entonces, este apodo sigue bautizando al local. “Brunito formaba un matrimonio bien avenido, pero nunca tuvo hijos. Como tenía el quiosquillo aquí todos los chiquillos del barrio venían no a comprar, sino más bien a pedirle un caramelo, un pejín,… Él era un buenazo. Y como era así y no tenía hijos, le encantaba. Entonces presumía de que era el padrino de todos los niños de Las Coloradas. Por eso, decidió poner ese nombre al restaurante. Y El Padrino se quedó”, recuerda Rodríguez. Uno de sus clientes más fieles, José Luis Moreno, recomienda sin duda el local. “Yo conozco esto cuando era el chiringuito de Brunito. He visto la evolución para mejor”. E.R.
Una familia gastronómica. En la imagen de arriba, parte del equipo de El Padrino, de izda. a dcha.: Narciso Molina, Almudena Ortega, Helen Vanessa Morales, Eric Bansale, Humberto Jr. Rodríguez, Humberto Rodríguez, Bartolo Guerra y Edwin Pantoja. Sobre estas líneas, terraza del restaurante (izda.) y la sala Pitango (dcha.), para cerca de 160 y 120 comensales.
Atención personalizada. En la imagen, ocho de los 14 miembros que conforman el equipo del restaurante El Padrino, que ya cuenta con relevo generacional con los hijos de los copropietarios Humberto y Paco.
Un tándem empresarial. Francisco Miguel Ortega (izda.) y Humberto Rodríguez tomaron el mando del negocio hace cuatro décadas. En la imagen, ambos sostienen un pez morena (serpiente).
Ascenso a Primera de la UD Las Palmas. En 1985 el restaurante celebró el ascenso a la máxima categoría del fútbol español de la Unión Deportiva Las Palmas. Entre los jugadores presentes, Juanito Rodríguez.
Pescado fresco isleño. Para los amantes del pescado, El Padrino es su santuario. Preparan mero, fula, vieja, rascacio, salmonete, cabrilla, cherne, tipos de sama (de ley o pluma, catalineta, bocinegro, roquera).
Los mariscos de la Sala Pitango. Otro baluarte del local es su carta de mariscos: ostras, bogavantes, bueyes, centollos, langostas. Un manjar al alcance del bolsillo de algunos comensales.
Paraíso natural. Desde plantas aromáticas como romero, eneldo, cilantro, menta poleo, hasta ornamentales como helechos, cintas o mala madre, monedas, ñameras, enredaderas, decoran las instalaciones.

