El fiscal revela que no constan facturas de pedidos de lancetas para los glucómetros desde 2009, ni de colchones desde 2007
Eva Rancho
LA PROVINCIA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 22 Octubre 2014
Los gerentes de dos empresas que proveían a la residencia Trinidad de productos de higiene personal, glucómetros, tensiómetros, sillas de ruedas y camas geriátricas aseguraron ayer, en la 5ª sesión del juicio contra sus dueños, que el suministro de material era “regular y suficiente” para los internos y que consideraron que la limpieza de las instalaciones era “normal”. Por su parte, el fiscal señaló que dentro de las facturas aportadas por la defensa no constan lancetas (especie de punta fina) para controlar la glucosa en sangre de los ancianos desde 2009 ni de colchones desde 2007. En la sala 21 del Juzgado de lo Penal número 1, también testificaron ayer otras seis personas, como tres familiares directos de algunos residentes, una auxiliar de geriatría, un trabajador de carpintería y aluminio, y un vecino de la zona que era voluntario en el centro, clausurado en 2011.
“La cantidad de bolígrafos [de insulina] era suficiente, a la residencia vendíamos medidores [de glucosa] y un bolígrafo por cada paciente porque tenía que ser así”, afirmó Manuel R. D., gerente de una de las empresas proveedoras, que aseguró que en 2011 la dirección de la residencia realizó pedidos de nuevos inyectores de insulina “con frecuencia”, para reemplazar los aparatos si algún anciano fallecía, según supuso este empresario. Aunque desconocía el número exacto de residentes, Manuel indicó que el material higiénico y sanitario que vendía al centro era “suficiente para cubrir las necesidades que tenían”, al tiempo que señaló que nunca notó nada extraño como que le dejaran de comprar algún tipo de producto. “Íbamos a demanda, pero lo habitual era una vez al mes”, indicó el proveedor. El representante del Ministerio Público, Pedro Gimeno, apuntó ayer que no constan lancetas para los glucómetros en las nueve facturas aportadas por los letrados de la defensa, Ángel Luis Calonge y Marcos Gabriel Díaz, del periodo entre septiembre de 2009 y mayo de 2011. La semana pasada la enfermera Jennifer Yasmina y algunos auxiliares de geriatría, que trabajaron en la residencia Trinidad, señalaron la ausencia de ese producto, y que “ella misma tuvo que llevar una caja” para el control del azúcar.
Venta de colchones
Por su parte, Ramón R., dueño de otra empresa que abasteció al centro Trinidad de sillas de ruedas, camas geriátricas, colchones, tacatás y servicio de ascensor, desde 2008/09 hasta la clausura del centro, apuntó que el suministro de productos “era el regular para este tipo de residencias”.
En cuanto a los colchones, este empresario aseguró que vendió “20 ó 30” unidades “fijo”, en los últimos dos o tres años de apertura de Trinidad, porque “así se rompían, se iban sustituyendo”. De nuevo el fiscal precisó que aparecen facturas de este material hasta 2007, pero no en fecha posterior. “Creo que vendimos algo más después, pero exactamente no lo recuerdo”, afirmó Ramón. La última factura emitida fue una escalera de dedos (fisioterapia) en abril 2009.
Higiene y alimentación
Como en sesiones, la prueba testifical ayer en el juicio contra los hermanos propietarios de la residencia Trinidad, Jesús y Álvaro C. D., se centró de nuevo en las condiciones higiénicas, alimentarias y sanitarias de los ancianos. Tres familiares coincidieron en asegurar que sus madres recibieron buena atención y niegan que hubiera maltrato. “La higiene era correcta sin duda, estaban bien atendidos, tenían actividades de fisioterapia”, afirmó Juan F.D. También Salvador H.G. suscribió lo dicho, aunque señaló que “la comida era irreconocible”. Mª del Pino S. trasladó a su madre a San Lorenzo y se llevó “una grata sorpresa porque estaba bien nutrida”. E. R.

