Con un bagaje profesional de 20 años en gerencia y dirección, José Julián Isturitz conoce muy bien los servicios de atención de emergencias del Archipiélago canario. Fue el impulsor de la creación del Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad (Cecoes) en 1998. Pionera en el estudio de la gestión de los servicios de emergencia, su reciente tesis doctoral compara la organización en el sistema español con 20 países y subraya la necesidad de una cultura de prevención de atención.
José Julián Isturitz
Profesor de la Escuela de Prevención y Seguridad Integral de la UAB
“Debe haber más uniformes y menos corbatas en la gestión de una catástrofe”
Eva Rancho
LA PROVINCIA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 12 Febrero 2014
¿Por qué publicó su tesis doctoral ‘Regulación y organización de servicios de atención de emergencias y protección civil: Diseño de un sistema asimétrico, multifuncional y multifactorial’?
Ya llevaba dando clase en la Universidad Autónoma de Barcelona [UAB] los últimos cuatro años y surgió la oportunidad de hacer un trabajo de investigación porque mirando a trabajos que pudieran ver los alumnos, nos dimos cuenta que desde el punto de vista organizativo de emergencias y protección civil, no había ninguna tesis doctoral en España. Es una materia que me apasiona. Esta tesis recopila muchos años de experiencia e investigación, llevo más de 20 años en el sector.
Una de las partes que vertebra su obra es el estudio de la organización de los sistemas de emergencias vigentes en España. ¿En cuáles se centra? ¿Cuál es el más efectivo entre las comunidades autónomas?
Estudio todas, más la Sociedad Estatal de Salvamento Marítimo y la Unidad Militar de Emergencias. Ha habido velocidades muy distintas. Es muy significativa la implantación del 1-1-2 en España. Surge como una decisión europea a principios de los 90, y el primero en España se remonta a1998 en Baleares, el segundo fue Madrid, y el tercero fue Canarias [Cecoes]. Sistemas de atención de emergencias se refieren a bomberos, protección civil, salvamento marítimo y emergencias médicas. De los más innovadores, fueron Euskadi, que en 1983 montó el primer teléfono de emergencias (088) en España, y luego Cataluña. En Canarias el Parlamento en 1998 decide crear un plan de seguridad canario para potenciar un turismo donde la gente que viniera supiera que estaba tan atendida como en su país de origen.
¿En qué espejo se mira el sistema de emergencias y seguridad canario, del que usted fue uno de los creadores en 1998?
La estructura y el plan del 1-1-2 están inspirados en el de Helsinki, en cuanto a la tecnología, y Miami, con respecto a la percepción de los estadounidenses.
¿Cómo valora la posición del 1-1-2 canario frente al resto de comunidades autónomas?
Creo que es de los tres que mejor funcionan del Estado español.
¿Quizás por el modelo integral que tiene?
Claro. Es de los pocos que perdura con una concepción integral, desde hace 15 años, a diferencia que el de Madrid. Por ejemplo, Cataluña entró siendo un modelo ‘despachador’, que cada organización está por su lado, y yo participé en el proyecto como gerente de emergencias médicas de allí, y se integró en el 1-1-2 hará tres años. En el centro coordinador de Reus conviven simultáneamente en la misma sala y comparten recursos emergencias médicas, bomberos, y Mossos d’Esquadra. Hay que tener en cuenta que las organizaciones de atención de emergencias parten de estructuras muy diferentes y luego la política no favorece en muchos casos. En las ruedas de prensa de una catástrofe tiene que haber más uniformes y menos corbatas. Quizás hay un exceso de politización en la toma de decisiones en las organizaciones de atención de emergencias y debería estar más liderada por los profesionales.
Pone de manifiesto que el 91% de los altos cargos del sector de seguridad y emergencias es por designación política. Hoy en día no tiene mucho sentido. Los criterios de selección deberían ser más profesionales en función de si la per- sona viene del sector, tiene conocimientos, y su grado de adaptación.
Emplea una evaluación cualitativa de 4.000 indicadores en su tesis para analizar la evolución de la atención de emergencias en España con otros 20 países. ¿Podría subrayar alguno?
Se diseñó una ficha que me permite analizar de forma cualitativa cómo funciona la organización de un sistema de emergencias, y con eso puedo comparar varios con los mismos indicadores. Por ejemplo, el 66% de los 1-1-2 no son servicios integrados; de 100 servicios que se prestan, 94% son sanitarios y 6% son de bomberos; uno curio- so que no se sabía es que en España gastamos en el sistema de atención de emergencias 2.400 millones de euros, de los cuales, 113 millones en Canarias; en España se prestan al año casi seis millones de servicios y el Archipiélago 282.000. Otra cosa interesante es que la implantación del 1-1-2 se ha ralentizado. Aún nos queda mucho por hacer.
«La atención canaria de emergencias está entre las tres mejores de España, junto con Euskadi y Cataluña”
¿Sale bien parada España con respecto a otros países?
Sí, muy bien. Destacamos por el valor de la titularidad pública del servicio, es decir, detrás está la administración, por tanto, hay una garantía de prestación. Lo que es distinto es quién presta el servicio. Hay países donde es un funcionario público y en el caso de España, la mayoría de los bomberos lo son, pero en el caso de las emergencias médicas, casi ninguno es funcionario. Somos muy parecidos al modelo de francés en este ámbito, donde prestan el servicio médicos y enfermeros, mientras que en Estados Unidos, son paramédicos.
Su tesis apuesta por un sistema concreto. ¿Cómo es?
Debe ser asimétrico, para resolver la emergencia con aquello que haya en cada sitio, que no tiene por qué ser igual en todos. En las Islas es un modelo disperso. La cantidad de helicópteros que puedo tener aquí no puede ser la misma que hay en Soria. Debe ser multifactorial, que la sociedad participe más en la gestión de emergencias, no puede ser que en los consejos de administración y dirección de una organización de emergencias no esté la organización de usuarios. Y debe ser multifuncional, con la creación del agente de emergencias. Soy defensor de la creación de un servicio insular de emergencias que asuma toda la isla.
¿Cómo se logra hacer partícipe a la sociedad como comunidad activa para la resolución de las emergencias?
Hay dos carencias: un liderazgo resonante en los mandos, y por ejemplos en un incendio forestal solemos obviar al que vive en la zona todos los días, pero quizás nos pueda ayudar a resolver la situación muchas veces. Tenemos que hacer que la ciudadanía participe en la prevención, tenga un fomento de la cultura de la emergencia, y no se aísle del mundo esperando a que alguien vendrá volando y me lo arreglará. Algo tan sencillo como tener un botiquín, una linterna y una radio en casa. Nos queda mucho por hacer. En la mayoría de los colegios no existe una cultura de prevención de atención a emergencias.
Su estudio señala también la falta de formación básica común para los que se ponen al frente del sistema y la falta de oferta universitaria.
En España, los mandos de bomberos o de emergencias médicas no se forman de manera centralizada, en una ciudad, pero en otros países sí. No hay nexo común. A fecha de hoy sólo imparten títulos de grado universitarios relacionado con seguridad y emergencias la Universidad Autónoma de Barcelona en la Escuela de Prevención y Seguridad Integral (EPSI), desde hace cuatro años, y en la ULPGC, desde hace dos años, que tiene unos 150 alumnos al año de toda España y es a distancia. La titulación se llama Grado en Seguridad y Control de Riesgos.

