Entrevista Psicóloga Juani Mesa La Provincia Eva Rancho 10 Noviembre 2013.pdf
Nadie nos enseña a ser padres. Pero hay profesionales, como la psicóloga Juani Mesa Expósito, que pueden ayudarnos a afrontar la tarea de educar a los hijos para relacionarse con los demás. Presentó recientemente en la capital grancanaria su libro Enseñar a los hijos a convivir, una guía práctica y amena para que familias y profesionales, como trabajadores sociales, pedagogos y profesores trabajen conjuntamente en unos talleres de cuatro cursos. Esta tinerfeña de 47 años y afincada en la Ciudad Condal aboga por la prevención a tiempo de los problemas.
Juani Mesa Expósito
Psicóloga y coautora del libro ‘Enseñar a los hijos a convivir’
“Es injusto culpar a la familia de casi todo, porque muchas veces está desbordada”
Eva Rancho
LA PROVINCIA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 10 Noviembre 2013
Tremenda tarea la que encierra el título de su obra, ‘Enseñar a los hijos a convivir’. ¿Cómo consigue facilitar lo difícil a los padres y a los profesionales que les apoyan?
A veces no es tan difícil, pero nos agobiamos porque queremos hacerlo lo mejor posible, y te olvidas del sentido común, que nos dice: ‘a ver, ¿qué es lo natural? Marcar límites, expresar que les queremos incondicionalmente’, pero a veces nos olvidamos en el ‘corre-corre’, con los sentimientos de culpa porque estamos poco tiempo con los niños y tenemos la sensación de que es difícil educar y ayudarles a que sean felices y buenas personas. Entonces lo que ofrece este libro es reunirnos dos horitas, cuatro martes, para compartir la experiencia de educar y aportarte herramientas sencillas y cotidianas para que disfrutes de esos momentos que estás con tus hijos.
Comentaba en su blog, ‘Educar para la vida’, que en la sociedad se echa la culpa a la familia con facilidad.
Muy injusto. Cada vez que hay un problema serio, enseguida ‘la familia es culpable de casi todo’, y eso no es cierto, lo que pasa es que la familia muchas veces está desbordada, no hay una verdadera conciliación familiar que les ayude a encargarse de sus hijos, y cuando aparece un problema de comunicación, de alimentación, de relación, muchas veces las familias no tienen dónde acudir porque estamos en una sociedad que no te atiende hasta que no tienes un verdadero problema. Hasta que tu hija no mida 1,60 y pese 30 kilos, no hay quien diga ‘esta niña tiene un trastorno de alimentación, vamos a atenderla’.
En ese punto, habla de la ‘cultura de la prevención’.
Claro. Si consiguiéramos educar para prevenir, fortalecer a las familias y darles herramientas y a los profesionales, en la medida que van educando y que los niños van creciendo, sin agobiarse, nos ahorraríamos una cantidad inmensa de problemas de salud mental, emocional y de desajuste social posteriores.
¿En algún momento del libro habla también de ‘la cultura del esfuerzo’?
Sí, muy importante. Es una de las patas de nuestro modelo, que es el de la competencia personal y social, ser capaz de desarrollarte como persona y aprender a convivir con los demás. Una de las grandes columnas que lo sostiene es la educación en valores. ‘Tú quieres algo, lúchalo, no te rindas fácilmente’. Las otras patas son aprender a pensar antes de actuar, la educación emocional y la comunicación, las habilidades sociales, hay que saber decir las cosas. Tú puedes tener muy buenas intenciones como madre, pero si lo dices con un tono y mirada de desprecio, estás haciendo un montón de daño a tu niño. La asertividad es la capacidad de las personas para decir al otro lo que sinceramente creemos que es correcto pero sin faltarle al respeto.
“Si tratas de solventar en Google cómo educar a tu hijo, pero no pasas tiempo con él, lo vas a hacer mal”
“Ahorraríamos en salud mental y emocional si diéramos herramientas a las familias para prevenir”
En estos cuatro pilares que vertebran el libro, usted menciona la autoestima. ¿Es fundamental para no dejarse arrastrar por la necesidad de aprobación de los demás?
Sí. Es el corazón de la inteligencia emocional. Especialmente en la adolescencia los padres están muy perdidos, porque hay una presión de grupo sobre nuestros niños y adolescentes, ‘todos mis amigos salen, les dejan hacerse un piercing’, pero también hay una presión social que dice ‘mujer, no va a ser tu hijo el distinto,’ y muchos padres temen que sus hijos terminen siendo excluidos y no es cierto. Entonces hay que dar a la familia herramientas para que mantengan su norte educativo y ser capaz de soportar esa presión. Las personas que muestran seguridad en sí mismas eligen en sus relaciones a personas similares, y esos son los grupos positivos.
Con la era digital, hoy los ciudadanos están sobreinformados de forma inmediata. ¿Por qué existen tantas dificultades en la educación de los niños teniendo la información tan a mano a través de Google, Internet, móviles?
Porque estamos intentando cada vez más vivir una vida virtual, más que real. Nos resulta más fácil mandar un whatsapp para decir, ‘oye, perdona, llego tarde’, que afrontar la disculpa de cara a cara. Entonces eso va a repercutir también en la educación. Si pretendes solventar mirando en Google cómo se educa o encontrando un foro, que no digo que no te puedan apoyar, pero luego no buscas tiempo para estar más con tu hijo, lo vas a hacer mal. El acceso a la información no se transforma en actitudes y en formación real educadora.
¿Trabaja también en los talleres con los padres para formarles en una adecuada selección de las fuentes de información?
En el curso final del pensamiento crítico. Los padres, abuelos o tíos de hoy en día tenemos que estar al día con las nuevas tecnologías, que no discriminan entre la información veraz y la que no lo es. Nosotros no somos nativos digitales, pero para las nuevas generaciones, es su lengua materna. Esa distancia tiene que acortarla el adulto con formación: saber qué queremos, para qué usamos las nuevas tecnologías y cómo se las disponemos. Está apareciendo un nuevo déficit, de atención múltiple: pueden estar con el whatsapp, el ordenador, el messenger, la Play [Station], con un nivel de precisión fantástica, pero por muy breve espacio de tiempo. Desde que le pidas que lean la portada de un periódico, no pueden. Educar significa ayudarles a distinguir entre realidad y ficción. Eso no lo puede hacer ninguna tecnología.
¿Ha propuesto integrar esta guía en los planes de estudio del Ministerio de Educación?
Hubo un contacto hace dos años que no llegó a fraguar con la Consejería de Educación, porque especialmente en Tenerife había un grupo importante de docentes y orientadores de centros de escuelas públicas que estaban empezando a aplicar esto. Que no haya dinero ha hecho que la buena voluntad de muchos orientadores y profesores en zonas difíciles está haciendo que el material se utilice. El Ayuntamiento de Santa Cruz, Santa Úrsula y Candelaria están formando grupos de familia para fortalecerlas. También en Cataluña hay centros tanto públicos como concertados utilizándolo. Mi intención en Las Palmas es que este camino se abra aquí. En Finlandia hay una verdadera política de apoyo a la familia desde la escuela, los servicios sociales y el trabajo. Si un profesor convoca a un padre o madre y no va, está obligado a denunciarle a los servicios sociales. Porque la ley ampara para que ese trabajador salga del puesto de trabajo y tenga la entrevista con el tutor de su hijo.

