PDF Segunda sesión juicio Trinidad Peritaje Eva Rancho La Provincia 10 Oct 2014
La forense no encuentra “nada flagrante” que demuestre que se maltrataba por acción u omisión a los ancianos en la residencia
Eva Rancho
LA PROVINCIA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 10 Octubre 2014
La médico forense, Eva Bajo, que a petición del Ministerio Público examinó a todos los ancianos del centro Trinidad tras su cierre en 2011, ya en la residencia teldense de San Lorenzo, donde fueron reubicados, concluyó ayer, en la sesión de peritaje del juicio contra los propietarios, que a partir del 2009 “la tónica” general fue que “no constaba” control periódico médico de constantes como tensión arterial, glucemia, analíticas de sangre, ni sesiones de fisioterapia en las subcarpetas de los expedientes, si bien precisó que esto “no implica” que el centro “no lo hubiera hecho”. Por su parte, Clara María Rodríguez, doctora del centro de salud de San José, citada por la defensa, declaró que hasta ese año, existía seguimiento médico por una encargada (Galia), pero que a partir de entonces, ésta ya no estaba y notó “diferencia” en el manejo del control de los pacientes . “Ese señor del pelo blanco [se refirió a Álvaro, uno de los acusados] no sabía informarme, se limitaba a llevar las recetas”, añadió la médico de cabecera de Trinidad de 2006 a abril de 2010.
“Es una evidencia y de sentido común que es necesario controlar las constantes de pacientes con pluripatologías”, aseguró ayer Eva Bajo en la sala 21 del Juzgado de lo Penal número 1, pero insistió en que el hecho de que tras 2009 no hubiera constancia de las anotaciones en las historias clínicas no significa que no se realizaran. Si existió maltrato o no a los ancianos fue uno de los momentos clave de los interrogatorios del fiscal Pedro Gimeno y de los letrados de la defensa, Ángel Luis Calonge y Marcos Gabriel Díaz Reyes. Tanto la médico perito, Eva Bajo, de la acusación pública, como los dos doctores como prueba de la defensa, Clara María Rodríguez y Andrés Ballesta (otros tres no fueron localizados para declarar ayer), coincidieron en que no hubo señales o “indicadores de malos tratos o abusos por acción o por omisión”. Bajo aseveró que “no había nada flagrante”, y que en base a las historias clínicas y al examen médico, no encontró “ningún indicador que sugiriera un estado de deterioro derivado de una insuficiencia de cuidados básicos de salud, alimentación u otros”.
En la misma dirección, Andrés Ballesta, facultativo del Servicio Canario de Salud en el centro de San José en 2011, afirmó que acudió “una vez a Trinidad”, y que “no vio nada anormal”. Asimismo, Clara María Rodríguez, médico del mismo centro sanitario, negó que hubiera alguna señal de maltrato y aseguró que los ancianos “estaban en buenas condiciones, había un seguimiento y los medicamentos ya venían pautados por el médico”.
Excepto el paciente Francisco S., que presentaba “un deterioro cognitivo moderado”, los demás tenían una demencia que les imposibilitaba tener una conversación normal, según observó la perito Bajo, a la pregunta del fiscal Gimeno de si podían verbalizar lo que les ocurría. “No, en modo alguno, no tenían recursos psicológicos para expresar nada”, indicó Bajo. En cuanto a su control, Bajo aseguró que tampoco hay constancia de que estos internos visitaran unidades de Salud Mental. “Otra cosa es que se hiciera”, matizó la forense.
“Mi familia me traía golosinas”
La nutrición de los residentes de Trinidad continuó siendo ayer objeto de los interrogatorios tanto de la acusación pública como de la defensa de los propietarios acusados. La médico forense Eva Bajo declaró que cuando examinó al paciente Francisco S., una vez clausurada la residencia en junio de 2011, le preguntó “¿cómo era la vida allí?”, y anotó de forma “literal y en cursiva las manifestaciones” que hizo. Bajo afirmó que le “dijo espontáneamente: la comida de la noche era la de la mañana, mi familia me traía golosinas porque no hay quién comiera eso”. En el caso de otro residente, Felipe, con un “deterioro cognitivo moderado asociado al párkinson”, pero “perfectamente orientado y con el que se podía mantener una conversación, respondió así a la pregunta de Bajo “¿allí qué tal, cómo se encontraba usted?”: “Ni la comida ni el atendimiento estaba bien, no me llevaron al médico ni me hicieron analíticas”. E. R.

