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‘Ayer y hoy de un barrio y su gente’
A veces una imagen vale más que mil palabras. Es el caso de ‘Ayer y hoy de un barrio y su gente’, una exposición que rescta más de 1.300 fotos antiguas de El Barranquillo Don Zoilo gracias a su impulsor, Matías Dávila. La muestra abre hasta el 30 de enero en el local vecinal de la calle Lorenzo Godoy.
Puzle de recuerdos para El Barranquillo
Una exposición con más de 1.300 fotos antiguas rescata la memoria del histórico barrio capitalino
Eva Rancho
LA PROVINCIA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 11 Enero 2015
Las imágenes hablan por sí solas en el local social de la Unión Vecinal Don Zoilo. Desde el 10 diciembre, como si de un puzle se tratase, más de 1.300 fotografías antiguas empapelan casi todas las paredes de este robusto edificio para reconstruir la historia del barrio El Barranquillo Don Zoilo. La muestra Ayer y hoy de un barrio y su gente realmente impresiona. Ir subiendo las rampas de sus dos plantas, y a la vez adentrarse en los recuerdos vivos, rescatados por el presidente de la asociación de vecinos, Matías Dávila, que los digitalizó, amplió a DIN A3 y plastificó.
35 años ha durado este arduo proceso, con la ayuda de los vecinos, que han ido aportando sus instantáneas. Todo un viaje histórico por este legendario barrio desde la década de los 30, haciendo una parada especial en su auge de los 60 y 70, hasta incluso los 80 y 90. Por El Barranquillo Don Zoilo, punto de conexión de la parte alta y baja de la ciudad, circulaban entre 14.000 y 16.000 vehículos a diario hasta que se construyó la Circunvalación, cuenta Dávila.
Un suceso en particular encendió en Matías la chispa de su coleccionismo. En los años 60 unas chabolas (levantadas en el actual concesionario de Toyota de la carretera general) ardieron en llamas. Una cocinilla se viró y su petróleo se derramó sobre la madera. Se puede observar cómo los vecinos escapaban por las ventanas, mientras otros sacaban los enseres y los hacinaban en el centro del barranco.
“Con esa fotografía me entraron las ganas de contar un poco la historia de El Barranquillo con imágenes, creo que una imagen vale más que mil palabras, y por mucho que la cuentes, si no la ves, parece que no lo sientes igual”, subraya Dávila. Con los ojos vendados, este dirigente vecinal evoca todos los rincones, los acontecimientos, los lugares, las familias, las pandillas de amigos, los modos de vida de su amado barrio, al ver las instantáneas, que estarán expuestas hasta el 30 de enero, de lunes a viernes de 17.00 y a 21.00 horas, en la calle Lorenzo Godoy. La inauguración de la carretera general en 1970 y la urbanización de la zona deja atrás para siempre esa estampa lluviosa de los años 50 y 60, cuando el agua procedente de La Vuelta de Los Tarahales, Schamann y Escaleritas corría por el barranco y llegaba hasta el mar, pues la Avenida Marítima aún no había nacido.
‘El Campillo’
El barrio respiraba vida social por todas sus esquinas. Muchos recordarán el campo de fútbol, rebautizado con cariño como “el Campillo” (frente al actual surtidor Disa), que albergó más de una pachanga entre solteras y casadas, lucha canaria, pelea de gallos, carreras de burros, boxeo. Ese punto de encuentro vecinal, presente en numerosas fotos, se vio fragmentado en tres partes por la construcción de la mencionada carretera, que arrancó en los años 67 y 68, y concluyó en 1970. Por entonces también se incorporaron al paisaje parterres, asfaltado, y los jardines, obra del arquitecto Luis Verge del Castillo. Los cochineros, la recogida de basuras y de fregaduras de los restaurantes, la producción de estiércol para la venta en los chalés de Ciudad Jardín, y el sector portuario, figuran entre los medios de subsistencia de los vecinos. Según indicó Dávila, la relación entre los salesianos y El Barranquillo Don Zoilo fue estrecha y así varias instantáneas de diferentes épocas dan testimonio de ella. La mayoría de los vecinos eran alumnos del colegio religioso y el cura Eduardo Villar Reina contribuyó a que el barrio tuviera algo tan básico como agua y luz, y la mejora de la construcción de viviendas. “Cuando él llegó aquí, esto era dos o tres cuevas con casitas de cartón piedra y algunas autoconstruidas, porque en la época de la posguerra venían de Fuerteventura, Lanzarote, de las medianías, de San Mateo”, comenta Dávila.
En este inmenso mar de fotografías, también aparece la calle Echegaray y al fondo el antiguo Cine Scala, cuyo inmueble está ocupado en la actualidad por el Colegio San Miguel Arcángel, en la calle Henri Dunant. Hoy al margen izquierdo se sitúan la torre del Canódromo. Nostalgia y alegría provocan estos 1.300 documentos gráficos. Tras la verja del local social Don Zoilo, parece que el tiempo se congela y algunos visitantes pasan horas y horas contemplando las imágenes, comentando las batallitas que protagonizaron, viendo de nuevo a los familiares y amigos que perdieron. Según afirma Dávila, hasta la fecha han visitado la exposición unas 700 personas, no sólo residentes de la zona, sino de otros barrios, como Escaleritas, Schamann, pues perduran sus vínculos de amistad. Óscar Roque, presidente de la Asociación de Vecinos de La Vega de San José, pide que la muestra permanezca abierta hasta junio “porque está teniendo un éxito impresionante”. Ayer y hoy de un barrio y su gente recoge curiosidades como la legendaria tienda Víveres Reyes y su dueña actual,
Lidia Reyes, nieta de la fundadora Benignita Reyes Montesdeoca, en la calle Párroco Villar Reina, junto a una pequeña plaza. Si uno se fija, parece que casi nada ha cambiado: esa báscula de Roch y la protagonista del relato permanecen en el mismo punto del mostrador, como si alguien hubiese parado las agujas del reloj. El único ausente es Juan, un vecino que, por cierto, sigue vivo.
Lucha por Maestro Rodó
Aquellos que se acerquen hasta el local social Don Zoilo, podrán conocer costumbres de antaño, como “echar un techo” y “encalar”, fruto del altruismo y trueque entre los vecinos. Cocinaban un conejo en casa de alguna de las esposas, a cambio de ayudar en la construcción de una casa. “Si no llamabas a alguno, se molestaban y te decían:‘¡no me invitaste a trabajar!”, explica Dávila. Otra práctica retratada era los majanos: cantos de piedra limpia sobre los que se tendían las sábanas para secarlas al sol.
Según Matías Dávila, falta una foto en esta exposición: la apertura de la barrera de la calle Maestro Rodó con la Urbanización Jardines de Chil. Los vecinos llevan luchando 15 años para que ese tramo fuera de dominio público y no privado, como aparece ahora en Plan General de la Ciudad, pero una maraña de intereses jurídicos y políticos de izquierda y derecha, lo han impedido, según afirma Dávila. “Por un capricho de una vecina, que es jueza, con esta barrera se está mermando la calidad de vida de las personas mayores y con discapacidad, porque no pueden ir en taxi a los centros de salud”, asegura el presidente vecinal.
El Barranquillo Don Zoilo
Este barrio perteneciente al Distrito de Ciudad Alta experimentó una gran transformación sobre todo en los años 60 y 70 con su asfaltado y urbanización.
Calle Echegaray
Desde la calle Echegaray dos niños contemplan el edificio del antiguo Cine Scala. Hoy al margen izquierdo se sitúa la torre del Canódromo.
Carretera general
La apertura de la carretera en 1970 deja atrás la estampa de aguaceros de los 50.
La construcción de la carretera principal en 1970 marcó un antes y un después en El Barranquillo Don Zoilo. Acabó con “el Campillo” y la vida social de sus vecinos.
Antigua ermita
La antigua ermita, ahora la Iglesia de María Auxiliadora, servía de establo y también de lugar de culto, donde se celebraba misa, tras sacar a los animales.
Tienda Víveres Reyes
Parece que el tiempo se ha congelado en la legendaria tienda Víveres Reyes. Casi todo permanece igual: su dueña actual, Lidia, nieta de la fundadora, Benignita, y la báscula Roch.
Concesionario Toyota
Fue el origen de la exposición. Cuando era pequeño, su impulsor, Matías Dávila, rescató varias fotos de unas chabolas, ubicadas en la actual tienda de Toyota, que prendieron fuego. Sus vecinos escapaban por las ventanas, mientras otros sacaban los enseres.

