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Compañerismo, trabajo en equipo, respeto, afán de superación, disciplina e independencia figuran entre los valores que el Club Natación Metropole persigue transmitir a niños y adolescentes en su clásico campus de verano hasta agosto. La diversión está asegurada en natación, salto, judo, inglés y juegos de antaño.
Un chapuzón de aprendizaje
El CN Metropole organiza su clásico campus de verano hasta agosto / Natación, salto, judo, inglés y juegos tradicionales, vehículo de valores
Eva Rancho
LA PROVINCIA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 27 Julio 2015
Más que un circuito polideportivo, es un chapuzón de aprendizaje. El Club Natación Metropole de la capital grancanaria organiza desde hace más de una década el campus de verano cada julio y agosto, inundado de actividades para niños de cuatro a 14 años, donde se persigue su formación deportiva, personal y diversión en sus vacaciones. A la natación, deporte estrella del programa, waterpolo, saltos, sincronizada, juegos acuáticos, la entidad grancanaria suma otras disciplinas como inglés, judo, iniciación al fútbol y baloncesto, y recupera juegos tradicionales como el pañuelito, el brilé, el reloj, el telefonillo, 1-2-3, caravana es, la comba. Los más pequeños están en todo momento acompañados por auxiliares y monitores, incluso dentro del agua.
“Me encantan los juegos. Este sitio es superguay, los profes son superguay, se portan muy bien con nosotros, y hacen cosas para que aprendamos aunque no nos guste”, explica, lleno de energía, Víctor, un alumno grancanario de ocho añitos, de los 150 niños que disfrutan del programa en julio.
El deporte es un vehículo transmisor de valores como compañerismo, amistad, trabajo en equipo, convivencia, respeto, afán de superación, disciplina, pero también enseña rutinas y hábitos para que el propio niño sea responsable y refuerce autoestima. “Sobre todo con niños pequeños intentamos que ellos aprendan a cambiarse solos y a ser independientes, que sepan dónde y cómo tiene que colocar su ropa”, apunta Juan Rafael Machado, coordinador deportivo del CN Metropole.
Como peces en el agua
“Apoyamos el tema de la enseñanza. Siempre pensamos que además de caminar, todos lo niños tienen que saber nadar, porque en una isla como la nuestra es fundamental”, añade Machado, de 59 años.
El coordinador deportivo del CN Metropole conoce muy bien este club deportivo pues ha pasado por todos sus estamentos. Dio sus primeras brazadas como nadador a los 11 años, fue ayudante de entrenador, entrenador responsable del club durante 15 años, y también director técnico.
Muchos niños son pura jiribilla, enfundados en gorros amarillos y gafas, y cargados de vitalidad y de ganas de absorber todo lo que trasmiten los auxiliares en cada clase.
Muy receptivos y con los ojos y oídos bien abiertos a las indicaciones de los monitores y entrenadores antes de lanzarse desde el trampolín de 3 metros en el foso de saltos. “Me lo paso bomba aquí. Siento mucho vértigo cuando estoy allá arriba, pero mucho emoción. Cuando estoy en el trampolín, es un poco más divertido, estás en altura, no estás en el suelo, da un poco de vértigo, pero por mí, encantada”, comenta Alicia, de 11 años.
El salto figura entre las actividades optativas que causa furor entre los pequeños, en la que realizan ejercicios específicos para trabajar la elasticidad y la finalización de la caída. Comienzan al golpito, primero desde el bordillo, luego en la llamada palanca (trampolín de un metro), y después desde una altura de tres y cinco metros.
Disclipina en trampolín
“Aquí salen, suben, se ríen unos de los otros, es muy divertido, de hecho es la actividad que más niños eligen, junto con los juegos acuáticos. Ellos se lo pasan pipa”, señala con orgullo Elena Herrera, auxiliar del campus de verano y casi los 46 años de su vida vinculada al CN Metropole, al igual que sus hijas, hermanos y padres deportistas. “La disciplina es lo bueno que tiene esto, mi hija aquí es otro ser completo, yo me llevaría los entrenadores a mi casa. Tiene que ser una cosa superseria”, subraya Herrera.
Abierto al público en general, sea socio o no, el CN Metropole se adapta a las necesidades de las familias, con un programa flexible que permite a los padres matricular a sus hijos por una semana, quince días o un mes, con desayuno incluido. El horario de 8.15 a 14.00, y a las 15.00 horas, con la opción de la comida, ayuda a conciliar vida familiar y vida laboral por unas semanas.
Machado: “Los niños van aprendiendo a ser independientes y es una ayuda a los padres”
“Este sitio es superguay y los profes se portan muy bien con nosotros”, afirma Víctor
“Los padres están privados este mes que los dejan aquí. Aparte de la actividad deportiva, de que los niños vayan aprendiendo a ser independientes, es una ayuda al padre, porque normalmente en julio la gran mayoría tiene trabajo. Es bastante difícil porque se acaba el curso escolar”, señala Machado.
La natación sigue siendo el reclamo más importante del campus de verano. Una de sus monitoras, Kyara González, ve a los chiquillos “activos” y “se nota que tienen ganas de disfrutar”.
“Son traviesos, un poquillo rebeldes, pero no hay problema si los sabes llevar bien. Hay que tener paciencia, porque el medio acuático es desconocido para ellos. Lo primero es transmitirles confianza para que sepan que están en un ambiente seguro”, explica González, que ha trabajado en cinco ediciones del campus de verano.
Juegos acuáticos
El deporte no es sólo competitividad y el CN Metropole es consciente de que el ingrediente lúdico también es esencial para que los niños aprendan. Los juegos acuáticos con materiales de flotación son un paraíso para ellos.
Explosión de alegría, puro nervio y una sonrisa de oreja a oreja. Esta es la estampa que más se repite en una de las cuatro piscinas de la entidad deportiva. La palabra cansancio no existe cuando se tiran una y otra vez de cabeza atravesando una colchoneta por el círculo central, o cuando ruedan por otra como una croqueta hasta caer en el agua. “Vienen los niños a relajarse, a divertirse y a ocupar su tiempo, tienen que tomar el deporte como un juego, que es la clave para que aprendan, cogen una confianza tremenda y se sienten realizados”, subraya González.
Además de la natación, el inglés y los juegos tradicionales, la iniciación a disciplinas deportivas como el fútbol y el baloncesto figura como actividad obligatoria en el programa. La división en dos grupos de 7 y 8 años marca la dinámica de la sesión. Silvia de la Nuez ejerce como auxiliar, uno de los ángeles de la guardia que acompaña a los chavales a todas partes.
Fútbol y baloncesto
“Les veo muy motivados y siempre con ganas de aprender, pero desde el primer momento sigue tirando más la natación, desde el primer momento dicen ‘¿cuándo vamos a la piscina?’”, comenta entre risas De la Nuez, que se estrena este año como auxiliar. “Es una gran experiencia, no me lo esperaba tan dinámico, pensaba que los niños se iba a a cansar en seguida. ¡Es bastante agotador, pero merece la pena!”, señala la auxiliar.
El pequeño Xavi viajó desde Irlanda para practicar uno de sus deportes preferidos, el baloncesto. “Me gusta más incluso que la natación, y estoy haciendo muchos amigos”, afirma.
En cambio, otros niños como Irene, de ocho años, que se estrena en este clásico deportivo del verano en CN Metropole, se siente como pez en el agua. “Me siento bien aquí, lo que me gusta más es la natación, pero también me gusta el baloncesto”, asegura la pequeña, que ha hecho buenas migas con Valentina, de siete añitos, que no le importa madrugar con tal de divertirse en el campus.
El CN Metropole es consciente que su presente y futuro pasa por tener una buena cantera de deportistas isleños para garantizar los éxitos deportivos. Por eso, el campus de verano tiene doble vertiente: formativa y de fichaje de nuevo talento. “En los grupos pequeños no, pero en los grupos un poco más grandes vamos captando niños que se quedan en los equipos de natación”, explica Machado.
En el baúl de los recuerdos
Además de las modalidades acuáticas, el CN Metropole rescata juegos tadicionales, como el pañuelito, el brilé, el reloj, el telefonillo, 1-2-3, caravana es, la comba, que han desaparecido de las tardes y tiempo de ocio de los más pequeños de la familia, inmersos en la era digital. “Intentamos recuperar juegos, porque hay muchos niños, que con la Play Station, ni saben de qué tratan”, lamenta Juan Rafael Machado, coordinador deportivo. Algunos auxiliares comentan que hay que hacer doble esfuerzo para que presten atención, pero luego están encantados. “Es difícil, poco a poco el tema de internet, los videojuegos. Hay que poner mucho hincapié en que jueguen, pero conseguimos que todos se diviertan”, indica el auxiliar Francisco José Quintana. Siempre hay excepciones y la alumna Ingrid, de siete añitos, prefiere la comba a la consola, porque “es más divertido”. En el juego de persecución del tuli, los más pequeños liberaron mucha energía, pues se asemeja al pilla-pilla, donde los niños que están libres de marca puede liberar a sus compañeros, paralizados, al pasar por debajo de sus piernas. E. R.

