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Muchos recordarán a Ángeles Caso como rostro habitual de los informativos de TVE en los 80, pero ella confiesa que no ejercería de periodista si pudiera dar marcha atrás. Su verdadera vocación es la literatura. Ganar el Premio Planeta en 2009 por su obra Contra el viento marcó un hito en la vida de esta gijonesa licenciada en Historia del Arte. Participó ayer en el VI encuentro literario En este inmenso Atlántico que nos une, en la Casa Museo Pérez Galdós de la capital grancanaria.
Ángeles Caso
Escritora y traductora
“Un escritor ya no puede vivir de sus libros, muchos dejaremos de escribir”
Eva Rancho
LA PROVINCIA / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 25 Marzo 2014
Desde pequeña bebió del amor por la literatura que tenía su padre, José Miguel Caso González. ¿Cómo le inculcó esa pasión por las letras?
Mi padre era un magnífico profesor, según atestiguan sus alumnos, pero sobre todo un gran padre. Dedicaba mucho tiempo a sus hijos, en unos años en los que eso no era tan habitual. Y todas las tardes cuando llegaba a casa, nos reunía a los cuatro hermanos, cuando yo tenía cuatro años, nos contaba cuentos, las historias de Ulises o de Alonso Quijano, nos recitaba poemas del Romancero. Él había trabajado con el gran medievalista Don Ramón Menéndez Pidal. A través de esos cuentos, aprendimos a amar la literatura, crecimos además en una casa donde los libros lo copaban todo. En mi casa la televisión entró muy tarde. Entonces cuando uno crece en un ambiente así, lo normal es que acabe haciendo de los libros una parte fundamental de su vida.
¿Recuerda sus primeros pinitos como escritora?
Empecé a escribir con ocho años. Nunca hablo de esto, porque da un poco de vergüenza, pero ya de cría gané varios premios: en el típico concurso de cuentos en el instituto, lo que entonces era 1o de Bachiller, con 9 ó 10 años; otro, a los 14 años, que fue muy importante para mí, el famoso premio de redacción [de un conocido refresco], que me llevó por primera vez fuera de España; a los 15, gané otro fundamental, con una beca para irme a Francia; y otro, con 18 años.
Fue rostro habitual de los informativos de TVE en 1985-86, también presentó el programa de entrevistas La Tarde. En varias ocasiones ha afirmado que la fama le incomodó y fue como una cortapisa a su libertad. ¿Qué fue lo más desafiante y lo más gratificante de esa etapa en primera línea?
Lo gratificante fue haber conocido a cuatro personas: Elena Sánchez, María Escario, Olga Viza y Concha García Campoy, a la que por desgracia hemos perdido. Lo peor, el haberme convertido en una persona conocida. Es algo que si pudiera dar marcha atrás en mi vida, no volvería a hacerlo. No me quedó otro remedio. No había trabajo en mi campo, Historia del Arte, y por una serie de casualidades, aterricé ahí forzada, y estuve no llegó a tres años. Alguna gente cree que me he pasado la vida entera en la tele y de eso hace ya 30 años. No me gusta ponerme delante de la cámara. Me parece un trabajo falso. Tener que maquillarme, peinarme y vestirme todos los días y colocarme como si fuera una persona formalísima, cuando no lo soy en absoluto, tenía muy poco que ver con mi manera de ser: mucho más relajada, natural e informal. Lo insoportable es que te convierte en una persona conocida a la que los demás juzgan, sobre la que establecen una serie de prejuicios a favor o en contra. No quiero eso.
¿Ahora un escritor puede vivir de la literatura?
Creo que ya no. Esto se ha terminado. Algunos tuvimos la suerte de empezar a publicar en los años 90, otros un poco antes, pillamos dos o tres décadas donde la literatura española vivió una especie de boom y un buen puñado de escritores pudimos vivir gracias a nuestros libros y todo lo que rodea: artículos, colaboraciones conferencias. Yo me estoy buscando la vida en otros registros. Por una parte, está la crisis, nos afecta a todos, pero hay un tema muy dañino que son las descargas piratas. Al final muchos de nosotros dejaremos de escribir, los que no somos digamos autores habituales de best-sellers.
¿Su próximo proyecto?
En mayo saldrá para la editorial Fórcola una traducción de la correspondencia entre Napoleón y Josefina que no se había traducido nunca al español, con un ensayo biográfico que la completa.
“Ahora todos los políticos recuerdan a Suárez como un héroe, pero en su día se le trató como a un villano”
“Los dos partidos que nos llevaron a la catástrofe seguirán ahí porque tienen todo muy bien atado”
¿Hay luz al final del túnel de la crisis económica?
Soy muy pesimista, porque creo que en muy poco tiempo se ha destruido el trabajo de siglos de lucha de mucha gente y no pasa nada. Al final hemos construido entre todos una sociedad muy conformista, individualista y egoísta. Ojalá me equivoque, pero creo que van a seguir gobernándonos los dos mismos partidos que nos llevan gobernando muchas décadas y que nos han conducido a la catástrofe, porque tienen todo muy bien atado. Para empezar a transformar este país, el punto de partida es reformar la ley electoral. Responsabilizamos a los políticos de todo, pero no se nos puede olvidar que somos nosotros los que los votamos. En este país no ha habido movimientos ciudadanos, una exigencia de control de la democracia. Ahora empieza a haber cosas, pero igual es ya demasiado tarde.
¿Cree que la labor democrática de reformas y consensos de Adolfo Suárez durante la Transición fue realmente reconocida?
No lo sé, porque ahora todos le recuerdan como un héroe, pero hubo un momento que se le trató como un villano. Cuando murió Franco yo tenía 16 años, no pude votar hasta las elecciones del 82. Lo viví desde la lejanía sin participar en el proceso. Fue una persona ejemplar que se tomó la política muy en serio, aunque yo no compartiera su ideología. Tuvo un profundo sentido de la responsabilidad, y me consta, por amigos comunes, que no hizo dinero ejerciendo de político, y alguna gente se rio de él por eso. Los políticos vienen ahora a contarnos cuentos de lo admirable que fue todo aquello, si vosotros mismos lo habéis convertido en bazofia.
¿Qué tuvo de fascinante la princesa de los Ursinos, mujer poderosa en la corte de FelipeV, que protagonizó su última novela, Donde se alzan los tronos?
Es una burla del poder justamente. Utilicé la ironía para describir cómo es el ambiente de la corte de Felipe V y Luis XIV, pero que podía haber sido el despacho de cualquier director general de una consejería autonómica. No importa el nivel, en torno al poder siempre hay mucha vanidad, codicia, juego sucio. Ese personaje me servía para contar todo esto. Esa mujer fue una de las personas más poderosas en la Europa de principios del siglo XVIII, pero ha sido ninguneada por los historiadores.
En Las casas de los poetas muertos (2013) viajó en primera persona y transportó al lector a las casas, ahora convertidas en museos, de varios grandes de las letras españolas: Cervantes, Lope de Vega, Jovellanos, Antonio Machado, García Lorca, entre otros. ¿Le llamó alguna especial atención?
La de Machado es emocionantísima. Es la pensión donde vivía en Segovia. Muy humilde, de los años 30, una casita con un pequeñito jardín, pegada a la Catedral, y para llegar a su habitación, tenía que cruzar la de otro huésped. Gracias a sus amigos de aquella época, todo se ha conservado intacto. Después de su muerte, la alquilaron para que no se tocara nada y acabaron comprándola. Te sorprende ver lo coherente que fue Machado, vivió como predicaba. A lo mejor podía haberse dedicado a forrarse con lo que fuera, y no. Se dedicó tranquilamente a ser profesor de instituto y escribir sus bellísimos versos.

